Para nadie es un secreto el impresionante proceso hiperinflacionario que ha vivido Venezuela en los últimos años. La principal consecuencia de éste ha sido una devaluación constante de su moneda, el bolívar, frente a la divisa de mayor uso, el dólar estadounidense. Y la población con capacidad de ahorro no ha tenido otra alternativa que volcarse hacia divisas o en su defecto, hacia instrumentos financieros vanguardistas como lo son las criptomonedas.
Esta extraordinaria situación covierte al país caribeño en el tercero con mayor adopción de criptomonedas per capita en el mundo, sólo detrás de dos gigantes como Rusia y Estados Unidos. Este avance se envidencía en los altos indices de comercialización de venezolanos en los grandes exchanges como Localbitcoins y Binance.
Pero la adopción no queda ahí ya que hace dos años el gobierno anunció la sálida al mercado de su propia criptomoneda: el Petro. Incluso muchos tributos se pagan con este instrumento o en bolívares, según la tasa de cambio del día.
De esta manera, Venezuela ha visto en las criptomonedas un respiro ante la crisis gracias a que su dinero conserva su valor a pesar de las constantes fluctuaciones de su moneda local.
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